dimarts, 15 de maig del 2012


Estaban amarillos los álamos de la islita y se fueron poniendo grises hasta que parecían el fondo medio borrado de un dibujo. A cada paso de personas que oía detrás de mí, estaba esperando que fuera él y que viniera a ponerse de codos allí a mi lado, pero casi siempre era gente con burros, o mujeres que volvían del arrabal andando de prisa. Me quedé allí hasta que tuve un poco de frío.  

Carmen Martín Gaite, Entre visillos.