Estaban amarillos
los álamos de la islita y se fueron poniendo grises hasta que parecían el fondo
medio borrado de un dibujo. A cada paso de personas que oía detrás de mí, estaba
esperando que fuera él y que viniera a ponerse de codos allí a mi lado, pero casi
siempre era gente con burros, o mujeres que volvían del arrabal andando de
prisa. Me quedé allí hasta que tuve un poco de frío.
Carmen Martín Gaite, Entre visillos.
Cap comentari:
Publica un comentari a l'entrada